DE OPINIÓN (ARTÍCULOS DE OPINIÓN TRIBUTARIA)


El laberinto de la financiación autonómica
Patricia Colino . Madrid.

Los resultados del primer año del nuevo modelo de financiación autonómica revelan que los objetivos de mayor corresponsabilidad fiscal y autonomía financiera quedan muy desvirtuados en favor de un mero aumento de recursos, cuyo coste soporta el Estado. El sistema, cuyo núcleo central es la cesión del IRPF con capacidad normativa, nace desvirtuado. El consenso parece imposible.

La presentación de los datos de liquidación del primer año de vigencia del nuevo sistema de financiación autonómica ha vuelto a destapar pasiones políticas y nuevos cruces de acusaciones entre el Gobierno y el PSOE. El Ejecutivo presume de haber conseguido un sistema mucho más solidario y progresista que el anterior, en parte, para esconder el hecho de que la pretendida autonomía financiera y la corresponsabilidad fiscal que inspiró el nuevo modelo de financiación autonómica han quedado profundamente desvirtuadas en favor del mero aumento de los recursos. Los expertos creen que centrar la corresponsabilidad fiscal en un solo impuesto (el IRPF), cuya recaudación, además, decae, ha transformado la verdadera naturaleza del sistema, al hacer necesaria la puesta en marcha de múltiples mecanismos de garantías para que ninguna autonomía pierda dinero. Curiosamente, son las comunidades que menos dependen de la recaudación del IRPF y más de las transferencias del estado las que salen más beneficiadas.

1¿Cuál es la diferencia principal del nuevo modelo de financiación autonómica con el sistema anterior?
En el sistema anterior la participación en los ingresos del Estado era el mecanismo básico de financiación. El objetivo del nuevo sistema, firmado en diciembre de 1996, era hacer a las comunidades responsables de parte de sus ingresos, para romper con la excesiva dependencia de las transferencias del Estado. Era más fácil gastar que recaudar. Así, la clave del modelo vigente hasta el 2001, es que el Estado cede a las CC AA (a todas las de régimen común excepto a las tres socialistas que lo han rechazado) un 15% de la tarifa del impuesto sobre la renta, que llegará al 30% cuando todas tengan cedidas las competencias de educación. Sobre este 15%, los gobiernos autonómicos pueden subir o bajar los impuestos, con límites, y aplicar nuevas deducciones. Es lo que se llama corresponsabilidad fiscal.

2¿Quién gana con este modelo?
En principio, y según los datos de Hacienda, todas las comunidades que han aceptado el sistema han salido beneficiadas, ya que los recursos financieros a su disposición han crecido más que con el sistema anterior (1992-1996). En concreto, las 12 de las 15 comunidades de régimen común que lo aplican han obtenido 32.000 millones de financiación adicional en 1997, frente a lo que habrían obtenido de prorrogar el modelo anterior. De haberlo aceptado las 15 autonomías la financiación adicional ascendería a 62.166 millones.

3¿Por qué, entonces, se habla de fracaso del sistema?
El problema es que como una de las patas básicas del modelo es la recaudación del IRPF y ésta ha caído, el Gobierno ha tenido que hacer uso de las garantías para que nadie perdiera dinero, de manera que ha inyectado otros 30.000 millones para evitar las pérdidas derivadas de la caída de la recaudación de este impuesto. El PSOE ha dicho, incluso, que el primer año de aplicación del modelo aumentará el déficit en 73.000 millones. Lo cierto es que el aumento de recursos no está ligado a la recaudación del IRPF, el impuesto estrella del modelo y núcleo central de los recursos, sino a los mecanismos de garantías, que aseguraron a las CC AA un mínimo de crecimiento del IRPF equivalente al crecimiento del PIB (5,46%) en 1997. Barato, por tanto, no es.

4 ¿Por qué no crece el IRPF?
Cuando se negoció el modelo, en 1996, ya se advertía que el IRPF estaba llegando a su techo recaudatorio. Pero en 1997, en concreto, la evolución del impuesto tuvo que ver con las medidas adoptadas por el Gobierno, que afectaron a la recaudación del IRPF en algo más de 100.000 millones. Entre los cambios figura que la tarifa se deflactó más de lo que marcaba la inflación y se aumentó el número de declarantes que se deducen compra de vivienda. Cuando el Gobierno anunció la reforma del IRPF, en 1998, las autonomías se apresuraron a exigir un acuerdo para que sus ingresos no se vieran afectados a cuenta de la reforma, asumiendo el Estado todo el coste de la reducción de la tarifa. El sistema se blindaba todavía con más garantías.

5¿Por qué dice el Gobierno que el sistema es solidario?
El segundo elemento de financiación de las CC AA con el nuevo modelo es, después del IRPF, la Participación en los Ingresos del Estado. Ésta evoluciona de acuerdo al comportamiento de los ingresos tributarios del Estado (ITAE), también con el límite mínimo del PIB. Mientras el IRPF tuvo un comportamiento neutro a efectos de financiación, el ITAE se comportó excepcionalmente (creció un 11,3%). Su evolución fue superior al PIB y a la recaudación por IRPF, lo que beneficia a las regiones que tienen una mayor proporción de sus recursos a cargo de esta participación en los ingresos del Estado. En general, en las comunidades con menor renta, los tramos de la tarifa autonómica del IRPF y de la participación en los ingresos territoriales del Estado por IRPF absorben menos recursos que en las CC AA con mayor renta.

6¿Por qué, entonces, las autonomías socialistas rechazan el modelo?
El rechazo parte de un concepto político radicalmente distinto de lo que debe ser la financiación autonómica. Los socialistas rechazan la competencia fiscal y creen que la financiación de las CC AA no debería pivotar exclusivamente sobre el IRPF, sino sobre una cesta de impuestos que incluiría el IVA y los impuestos especiales. Además, tienen recurrido el sistema de financiación al considerar que en los cálculos de la participación de los ingresos del estado no se actualizaron variables como la población, que influyen notablemente en el coste medio de los servicios transferidos