DE OPINIÓN (ARTÍCULOS DE OPINIÓN TRIBUTARIA)


HACIA LA ARMONIZACIÓN FISCAL
Jose Manuel Díaz-Arias

Cada vez estamos escuchando más que uno de los siguientes pasos a dar por los países de la Unión Europea es la armonización en los impuestos, si bien los precursores de esta idea tienen claro que esta ha de producirse de forma gradual, con una cierta libertad normativa, pero que la dificultad es máxima.

El primer paso ya se dio con Impuestos indirectos como el I.V.A., en el cual podríamos ver varias de las claves de lo que debería reunir dicha armonización. La primera de todas es que la misma, incluso cuando hablamos no de la cuestión global sino también de la particular de cada impuesto, ha de producirse de forma gradual, cediendo cierto porcentaje de regulación a los países miembros, pero unificando los tipos impositivos en la medida de lo posible. Es claro que aun en esta cuestión habría que dejar un período intermedio para que la costumbre de cada país se fuese adecuando a la normativa general, tenemos el ejemplo de Gran Bretaña en el que el sector de la ropa infantil ha tenido siempre un cierto proteccionismo, por lo que ha conseguido que el tipo cero se le siguiese aplicando, al menos de momento.

Otra de las claves es la de emisión de una directrices interpretativas que han ido marcando las pautas para que los países miembros armonizasen su regulación, teniendo cierta trascendencia el Tribunal sancionador cuando estas no se llevan a cabo.

Los mayores defensores de esta armonización global son países como Alemania y Francia, con un trasfondo proteccionista de su economía de mercado y de sus principales sectores industriales, el primer logro en este camino ha sido, sin lugar a dudas, la adopción de medidas contra las subvenciones estatales, pero estas no pueden ser nada si no se consigue evitar un tipo de subvenciones encubiertas como son las fiscales.

Sin estar hablando de paraísos fiscales dentro de la Unión Europea, si es cierto que una diferencia porcentual de un cinco por ciento en el tipo impositivo aplicable puede llevar a considerarse como un incentivo fiscal lo suficientemente fuerte como para llevar la instalación de una multinacional de un país a otro, pero no sólo se trata de una cuestión de tipo impositivo, también pueden existir determinados incentivos en forma de deducciones o de otra clase de regulación normativa, que creen determinados privilegios a la hora de tributar.

El primer paso que se pretende es la armonización de los impuestos empresariales, con el objeto de crear un equilibrio competitivo entre los sectores industriales de los quince, pero esto, en la situación actual y sin otras medidas paralelas, no cabe duda que favorecería más la diferencia existente entre los países ricos o industriales de la Unión y considerados países pobres o más agrícolas. Es claro que sin una serie de incentivos las industrias seguirían instalándose en los países que ya poseen un sector industrial fuerte, en el que las comunicaciones, cercanías de otros sectores industriales ya instalados, y demás medios hacen un cierto abaratamiento de los costes. Si encima unimos a esto la actuación de los sindicatos con fuerza pero muy racional, no provocando situaciones como la de la compañía Ford, está claro que la elección sería clara.

Por ello está claro que antes que la armonización fiscal debería de darse otra serie de armonizaciones que diesen las mismas posibilidades a los países menos industrializados, no abocándolos a la agricultura y la ganadería, o permitir determinados incentivos para las zonas o regiones menos industrializadas.

La armonización de los impuestos no ha de ser un objetivo para proteger a los países "ricos", como medio para mantener lo que ya poseen, sino que debería de ser un fin de la Unión Europea para el cual ha de darse unos pasos previos que distan mucho aun de haberse conseguido todavía, cuando se iguale el poder adquisitivo, el nivel de vida y de condiciones de los residentes de todos los Estados miembros, se podrá hablar de la armonización fiscal, es decir, es necesario conseguir previamente otra serie de armonizaciones.

De todas formas no deja de ser curioso que en la Unión Europea se esté hablando de armonización fiscal y en España se esté intentando, al menos en parte, de todo lo contrario, con determinados privilegios zonales o regionales. Si llegase esa armonización fiscal europea habría que ver que tratamiento se le daría a dichas regiones y cual se pretendería, por parte de estas, que fuese el que se le diese.

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