Cae
la presión fiscal directa y sube la indirecta
La presión fiscal contabilizando todos los
ingresos del Estado cerrará 1999 en el 19,4%, igual tasa que en el año 2000. Pero entre
un ejercicio y otro se produce un notable trasvase de la presión de los impuestos
directos a los indirectos. Así, la reforma del IRPF todavía provoca en el año 2000 una
reducción de dos décimas en la presión fiscal, que se reduce desde el 5,5% al 5,3%,
como consecuencia de los ajustes en algunas retenciones que se devengan en 1999 y se
ingresan en el 2000, así como la reducción de la carga sobre las familias. Pero los
efectos sobre la presión fiscal global de los impuestos directos se compensan con el alza
en los indirectos, especialmente en el impuesto sobre el valor añadido (IVA), que pasa
del 5,5% del PIB al 5,9% del PIB. Los impuestos especiales provocan también una pequeña
reducción por la congelación nominal. Analizado desde el punto de vista de la
Contabilidad Nacional, con los criterios del Sistema Europeo de Cuentas de 1995, la
presión fiscal del Estado se sitúa en el 17,14% del PIB para el año 1999 y para el
2000. Sin embargo, la distribución interna de la presión fiscal se ha visto modificada
en el sentido de que los impuestos corrientes sobre la renta y el patrimonio absorben 0,17
puntos del PIB menos en el 2000 que en el anterior, mientras que los impuestos sobre la
producción y las importaciones aumentan su participación en el PIB en 0,14 puntos. El
Gobierno destaca que en los últimos cuatro años la elasticidad de los impuestos se ha
duplicado, desde el 0,8 al 1,6, y, sin embargo, para el año 2000 espera únicamente un
1,3 de elasticidad en el impuesto sobre la renta de las personas físicas.
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