OTROS TEMAS FISCALES


Los gobiernos de la UE continúan sin decidirse a imponer el impuesto energético
La última reunión de los ministros de Medio Ambiente refleja la falta de consenso

Los ministros de Medio Ambiente de la Unión Europea se posicionaron pública y formalmente a favor de que el crecimiento económico y el deterioro ambiental dejen de estar relacionados, pero lo cierto es que siguen sin decidirse a aplicar la denominada ecotasa.

Los ministros comunitarios abordaron el sábado, en la reunión informal de Helsinki, esta relación históricamente negativa y hubo un acuerdo general en que revertirla supondría para la sociedad europea un mayor desarrollo económico, más empleo y mayor bienestar social.

En cambio, según reconoció la todavía comisaria europea de Medio Ambiente, Ritt Bjerregaard, "aún no hay unanimidad entre los estados miembros de la Unión para conseguir un impuesto energético".

Según la ministra finlandesa de Medio Ambiente, Satu Hassi, "algunos Estados miembros están un poco inquietos por la ecotasa, aunque la gran mayoría de países insista en que es necesario hacer algo en los niveles nacional y europeo".

Aunque la idea de reducir las emisiones y mejorar la eficacia energética es compartida en toda la UE, los mecanismos para llevarla a la práctica no son unánimes. La introducción de instrumentos económicos, como el impuesto sobre el consumo energético, es una de las claves propuestas por la presidencia finlandesa del Consejo de Ministros de la Unión Europea para reducir el consumo.

El Gobierno español, a través del representante permanente adjunto ante la UE, Miguel Angel Navarro, dijo que en cuanto a establecer en el futuro un impuesto energético hay que diferenciar entre los estados miembros, según su nivel de desarrollo. Según la delegación española, hay que hacer algo en cuanto a las emisiones contaminantes, pero no sólo en lo que se refiere a las tasas, sino en que hay que prever una serie de alternativas, como el desarrollo del ferrocarril, para tener éxito.

Tradicionalmente, la posición española es que si se introducen impuestos ambientales se incrementarán las cargas sobre las empresas y se limitará la creación de empleo.

La delegación francesa, encabezada por el director de Gabinete del Ministerio, Jean Francois Collin, dijo en cambio que había que poner en marcha los instrumentos económicos necesarios para reducir las emisiones contaminantes, incluida una fiscalidad ecológica que aligere el coste del factor trabajo.

Empuje nórdico

Esta idea francesa fue compartida por el secretario de Estado alemán, Rainer Baake, y por la mayoría de los estados de la UE, en especial los nórdicos, que son claramente partidarios de introducir un impuesto de este tipo.

El secretario de Estado griego para el Medio Ambiente, Theodoros Koliopanos, manifestó por su parte que su país no podía aceptar un impuesto energético, porque no era una de sus prioridades y porque, a su juicio, no resolvería los problemas.

Algunas delegaciones, como la del Estado francés y la de Gran Bretaña, hablaron de la necesidad de realizar "un esfuerzo nacional" en materia de tasas, aunque habría que evitar que por culpa de los impuestos un consumidor vaya a comprar la energía donde es más barata.

El temor en la UE es que un crecimiento económico previsto en los Estados miembros del 2 al 2,5% anual del Producto Interior Bruto (PIB) y un acumulado del 44% en el periodo 1995-2010 suponga una presión muy negativa para la calidad ambiental.

El problema es que, según la Presidencia finlandesa del Consejo de Ministros de la UE, aunque se cumplieran los compromisos ambientales de la cumbre de Kioto (reducción de las emisiones en un 8% comparado con el nivel de 1990), no sería suficiente para frenar el denominado efecto invernadero.

Para conseguir romper la relación negativa entre el desarrollo económico y el medio ambiente, según los ministros, es necesario integrar el aspecto ambiental en todas y cada una de las políticas europeas, especialmente las del transporte y energía.

Las emisiones producidas por el transporte por carretera han aumentado mucho en los últimos años: entre 1985 y 1996 el consumo energético en este sector ha crecido alrededor de un 40% y se prevé un 30% adicional para el 2010.

Según la delegación francesa, uno de las claves para reducir esta tendencia debe ser desanimar el transporte por carretera, cuyo crecimiento depende en un 50% del crecimiento económico y en otro 50 por decisiones administrativas.

"En el transporte, se puede hacer más", dijo la comisaria europea Bjerregaard en rueda de prensa, y se refirió seguidamente al impuesto energético como una manera de modificar la tendencia contaminante creciente en el sector del transporte.

La ministra finlandesa dijo que la tendencia del transporte "es totalmente contraria a la que queremos" y afirmó que "con una tasa sobre el consumo de dióxido de carbono (CO2) se volverían a tener en cuenta los medios, como el ferrocarril, más respetuosos con el ecosistema"

Los ministros de Medio Ambiente de la UE analizaron también con sus colegas de Europa central y oriental cómo va el ajuste de las normas ambientales de estos países candidatos a la adhesión con respecto de las comunitarias. En esta parte de Europa los problemas medioambientales son lo bastante graves como para que una gran parte de la ayuda comunitaria se destine a ese fin. Tras la reunión, en cambio, los ministros no ofrecieron detalles sobre proyectos o programas a corto plazo.

Durante el almuerzo intervino, además, el director ejecutivo del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Klaus Topfer, que informó del daño ambiental provocado en el sureste de Europa por la intervención de la Alianza Atlántica en Kosovo, Serbia y Montenegro.

Un equipo de Naciones Unidas estuvo esta semana en Yugoslavia para evaluar el impacto de los bombardeos en refinerías, plantas químicas e instalaciones petroquímicas, pero en el informe final, al menos según lo transmitido por los Quince, no se ofrecen conclusiones definitivas. La UE asegura que es preciso seguir investigando y que, a pesar de que los efectos de los bombardeos aliados son visibles y graves, no es posible aún dictaminar de forma precisa el alcance de la contaminación medioambiental. Es sabido, sin embargo, que los efectos de las diferentes bombas utilizadas por la OTAN, algunas de ellas con uranio empobrecido, han causado graves secuelas en el medio ambiente y en la población.